26.8.14

DOCUMENTAL: "Certezas desconocidas" de Errol Morris, 2013

No recomiendo este documental a todo el mundo. Otros documentales pueden recomendarse a un espectador medio, sin previa formación sobre el asunto en cuestión. Pero este documental está orientado a aquellos que recuerdan, y todavía les interesan, las artimañas que se usaron para convencernos de ir a la guerra contra Irak, y en general a los que les gusta reflexionar sobre el poder.

Para mí es interesante, no sólo por ser el nuevo documental de Errol Morris, que ya de por sí la marca merece mi confianza, sino por ser una pseudo-continuación de "Rumores de guerra", otro documental muy parecido que dirigió el mismo director sobre la figura de Robert Mcnamara; otro belicoso secretario de defensa. El valor político de "Rumores de guerra" fue insuperable, y lo premiaron con el Oscar al mejor documental en 2003. En aquel documental, la cabeza visible de todas las intervenciones militares estadounidenses era sometido al bisturí del magistral Morris. Como si estuviese sedado o hipnotizado, Robert Mcnamara, deja volar su mente. Recordemos que si yo dejo volar mi mente en frente de una cámara, no tiene mayor importancia mediática. Pero si lo hace el secretario de defensa (ministro de defensa) de EEUU, y reflexiona con autenticidad sobre la moralidad de sus actos, el documental adquiere un valor difícil de expresar. Es como si nuestro Aznar se pusiera a reflexionar y cuestionarse delante de una cámara la oportunidad, o incluso la moralidad, de apoyar la guerra contra Irak de 2003.

Pues bien, en este documental al que se refiere este post, Errol Morris quiso repetir su hazaña con otro secretario de defensa: Donald Rumsfeld. Rumsfeld ha estado en muchos gobiernos, pero adquirió notoriedad cuando daba ruedas de prensa en el Pentágono, defendiendo la guerra de Irak, negando la torturas de su ejército y sugiriendo sibilinamente conexiones entre Sadam Hussein y el 11-S. Su estilo directo y combativo en la oratoria tiene sin duda algún atractivo, como el que pudiera tener Esperanza Aguirre. Sus políticas y desprecio de la verdad también son similares.

Pero en esta ocasión el director no consigue penetrar en la piel de este cocodrilo, aunque si le saca algunas lágrimas que parecen sinceras... la sinceridad de un loco que no se atreve a mirar fuera de sí, porque teme darse cuenta de la dimensión real de su locura. Mi impresión es que el subtítulo que rezaba en la portada, "¿de qué se ríe este hombre?", es una pataleta del director frente a la inquebrantable defensa que el ex-secretario hace de su gestión. Lejos de una catarsis moral, acusa al entrevistador y se ríe como una hiena.

Mientras lo veía dos preguntas me acechaban simultaneamente. La primera es la dosis de manipulación con la que los periodistas se tuvieron que enfrentar semanalmente en el Pentágono: ¿nadie explotó ni le paró los pies diciéndole lo "halcón" que era? Era un maestro en no contestar lo que se le preguntaba, solo lo que él quería. Y la segunda, ¿por qué estaba haciendo esa entrevista para el documental?

La primera quedó contestada cuando el director rescató del archivo la respuesta de Jim Miklaszewski al trabalenguas de "lo conocido y los desconocido". Cuando se estaba discutiendo públicamente que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva (argumento principal en aquel entonces para convencernos de ir a la guerra), Donald Rumsfeld tuvo la cara dura de hacer un juego de palabras (en inglés lo es todavía más), que si bien era totalmente impecable desde el punto de vista gramatical, era una broma de mal gusto ofrecerlo como explicación para bombardear un país:

Los informes que dicen que algo no ha ocurrido siempre me resultan curiosos, porque como sabemos hay conocimientos conocidos; hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay ignorancias conocidas; es decir, sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también hay ignorancias desconocidas, las que no sabemos que no sabemos.

Según Slavoj Žižek habría una cuarta categoría: aquellos que sabemos pero decimos desconocer. Muy hábilmente el director eligió como título para su documental este último caso, los conocimientos desconocidos, o como se tituló en castellano, las certezas desconocidas. El propio Rumsfeld escribió sobre esa cuarta categoría en un memorando que el mimo escribió, dos años después. Y lo lee en voz alta a petición del director. Obviamente Rumsfeld intenta escapar de la trampa dándole una interpretación esquiva. Pero en realidad es una alusión indirecta a todo lo que EEUU sabía y negó conocer, no solo las torturas, sino todas las mentiras que se inventaron, y todo lo que manipularon diplomática y mediáticamente. Quizás también podríamos incluir ahí, como una posibilidad abierta al debate, el hecho de que supieran que Irak no tenía armas de destrucción masiva... y por eso la atacaron.

Cuando se le hacía una pregunta incomoda, él respondía poniendo el énfasis en la fuente del rumor, o en una digresión semántica que aleja el tema de una manera ingeniosa pero falaz. Su famoso trabalenguas no es que fuera una ampliación de una respuesta más concreta, ni una extensa explicación de un ministro intelectual divagante. No. Muy al contrario, se negó a dar una respuesta concreta para una pregunta concreta. Sin embargo, hubo periodistas que no se amilanaron. Jamie McIntyre, le espetó que estaba esquivando a su compañero Jim Miklaszewski. El director del documental lo describe en un largo artículo que escribió tras hacer el documental en el New York Times:

McIntyre: Usted enterró de manera inteligente la pregunta de Jim Miklaszewski caracterizando el asunto como algo que no se sabe. Pero él no le preguntó sobre algo que no se sabe. Le preguntó si usted tienen pruebas de que Irak está suministrando armas de destrucción masiva a terroristas, o tiene la intención de hacerlo.
Rumsfeld: Él citó informes de gente que decía que no era el caso.
McIntyre: Así es. Él hizo eso y…
Rumsfeld: Y respondí a eso, y creo que fue una buena respuesta.
McIntyre: Pero si hemos de creer cosas…
Rumsfeld: Podría haber dicho que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, o viceversa.
McIntyre: Pero sólo queremos saber si usted está al tanto de alguna prueba. Porque eso nos movería desde cierto nivel de fe a algo que está basado en pruebas.
Rumsfeld: Sí, estoy al tanto de un montón de pruebas relativas a Irak en un montón de asuntos. Y no soy el indicado para hacer comentarios públicos sobre mis valoraciones o las de otros sobre tales pruebas. Y esa ha sido la última pregunta.

En el más puro estilo de Morris, de escudriñar todos los ángulos y raíces del asunto, entrevistó a todos los que intervinieron sobre esa pregunta en esa conferencia de prensa de 2012. Aunque Morris no lo ve como yo, pienso solo el adocenamiento de un equipo adosado al ejército (en este caso adosado a un equipo de gobierno), puede explicar que el propio McIntyre le dijese a Morris que en realidad le gustaba bastante Donald Rumsfeld.

Sea como fuere, la afición de Rumsfeld a jugar con las palabras adentra al espectador al interior de un diccionario propio, el de un lunático con delirios de grandeza en los que sueña con ser epistemólogo y lingüista, pero que solo consigue ser un demagogo al servicio de la guerra y la manipulación política.

La segunda pregunta se la hace directamente el director justo al final. "¿Por qué está haciendo esto? ¿Por qué está hablando conmigo?" La respuesta que da es: "Esa pregunta es maliciosa... no tengo ni idea". En mi opinión sí lo sabía. Pero no lo quería decir. Es decir, lo sabía y negó saberlo. Su conocimiento desconocido es que necesita seguir en guerra permanente contra la verdad; así nunca tendrá que enfrentarse a su mentira.





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