27.2.13

DOCUMENTAL: "El Embajador" (2011)


Curioso documental. Y no lo digo porque satisfaga la curiosidad previa del espectador, sino porque es demasiado heterodoxo en su planteamiento y despierta, al menos en mi, nuevas curiosidades no por el tema del que va, sino por la persona que lo hace. Paraece demasiado atrevido. Demasiado juguetón. Anda por una fina línea demasiado quebradiza, entre la denuncia y el cachondeo, entre el compromiso y el desinterés. Y sin embargo para mí sigue teniendo algo de atractivo, sigue mereciendo la pena porque es capaz de enseñarnos que con dinero se consigue todo … por si acaso queda algún idealista por ahí.
 


El periodista danés Mads Bruggers (el nombre ya lo dice todo) es un tipo extraño. Ya fue famoso internacionalmente por su anterior documental en el que se hacía pasar por un director de teatro que le pedía permiso a Korea del Norte para filmar en su territorio, bajo la excusa de un intercambio cultural. La verdad era que trataba de mostrar los aspectos más oscuros de este régimen criminal.

Ahora en “El embajador” vuelve a dar un giro más de tuerca con su humor retorcido, que me recuerda un poco al detestable Borat: se hace pasar por un tipo que quiere conseguir un título diplomático con el objetivo de sacar “diamantes de sangre” de la Repúblicana Centroafricana.


La tapadera, conocida por todos los implicados, es montar una empresa de cerillas que le sirva para establecerse legalmente en el país y ganarse la confianza de quienes tiene que gestionarle el papeleo.

El objetivo es denunciar a ambas partes: a las autoridades africanas por lo fácil que es hacerse rico a expensas de sus materias primas, con un proyecto de corrupción que deja a nivel de parvulario a nuestro Barcenas (también usa "sobres de felicidad"), pero también a nuestros representantes europeos que se ganan la vida exactamente igual que nuestro personaje del documental.

El medio: que lo nombren embajador y no le registren en el aeropuerto la mercancía que transporta. Parece una locura, pero lo consigue. Lo nombran embajador honorario de Liberia en la República Centroafricana. Y lo filma.

El disfraz: curiosamente creo que esto es lo más controvertido desde la óptica del espectador. Bruggers decide imbuirse completamente en este nuevo papel que tiene que realizar, y desde el principio del documental se despide como periodista para pasar a vivir una vida de lujos horteras y despreocupación moral con tal de conseguir sus preciados diamantes y su titulo diplomático. En ese menester, y con la ayuda de una voz en off que nos explica lo que está ocurriendo, el mismo narra cómo está formando a trabajadores para hacer cerillas, para una empresa que nunca verá la luz. Eso es cruel. Juega al tenís, fuma en pipa y se compra unas botas carísimas, invita y es invitado a fiestas, se codeo con políticos de alto nivel que filma con cámara oculta (alguno de los cuales son asesinados un tiempo después, no sé sabe la razón), soborna a todo el mundo y brinda con el mismo champán que Hitler bebió en sus últimas horas, toma como semi-esclavos a unos pigmeos que le ofrecen y les pone el sonido de unas ballenas para que conozcan al animal más grande, filma la colaboración de los diplomáticos europeos en todo este nauseabundo tinglado … y en definitiva se lo pasa muy bien, demuestra que se puede ser un putrefacto criminal occidental que viaja a África a forrarse con los gobiernos aún más detestables que él…y rechaza hasta el último fotograma abandonar ese papel. A veces resulta más comediante que periodista, y me  recuerda a nuestro Torrente, cuando en una entrevista hace muchos años con Pedro Ruíz, se negaba a escapar de su papel y contestar a las preguntas más serias del entrevistador, como si tuviese una obligación moral en persistir en su fantasia y rechazase ponerse serio para bajar al duro mundo de la realidad.

El resultado: una denuncia de Liberia para que lo deporten y una muestra descarnada de como funciona la corrupción en buena parte de África y Europa. Pero también un documental que desprecia una mínima ética periodística, sobre lo cual Bruggers lo justifica por la repercusión mediatica: el fin justifica el medio. Me pregunto si hubiese encontrado trata de blancas si se hubiese tirado a una esclava sexual y lo hubiese filmado. Supongo que la comparación es exagerada, pero él mismo reconoce que ha sobrepasado algunos límites éticos, y de buen gusto, pero afirma la gente está cansada de ver documentales que narran en detalle la pornografia del sufrimiento, y con el suyo quería entrar por el lado perverso de la diversión. Quiso demostrar que uno se podía divertir haciendo esto, y lo filmó. Aunque sea fingido, provoca debate y muestra como es en realidad uno de esos canallas. 

Cuando le preguntan si no le importa la gente inocente que sale en el documental, y que son engañados, dice que la mayoría son bandidos, como él mismo, salvo los pigmeos que por cierto y esto es un punto a su favor, el dinero conseguido con esos diamantes que finalmente obtuvo se lo dio a ellos para que hiciesen realidad esa fábrica de cerrillas (aunque eso no lo dice en el documental, “porque no pegaba en absoluto con el personaje que de repente hiciese el bien”.

En otra entrevista la preguntan:


-Cuál es la diferencia entre alguien que juega a que hace un acto malvado, y alguien que lo hace realmente?
-Es una pregunta dificil. Recibí un montón de críticas con "The Red Chapel" de gente que me decía que todo había sido fingido: "Te estás quedando con los Norcoreanos, ¿cómo te atreves?, eres un impostor."
Y realmente me gustaba la idea de que tras el embajador yo pudiera decir: "Sí, soy el consul de Liberia. Te guste o no, lo soy. ¿Dónde está el fraude?" Pero entonces la cosa se complica si soy yo mismo el objeto del asunto, y me veo envuelto en delitos reales de una moral muy complicada."

Por cierto, no tiene nada que ver con el documental "El embajador" del también nórdico (noruego) Erling Borgen, y que denuncia de una manera más ortodoxa a un asesino, John Negroponte, entrenado y premiado por EEUU por un largo curriculum contra los derechos humanos en Latinoamérica.





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