17.3.17

La envidia por el terrorismo islamista: "Métete con el islam si tienes cojones"

Cuando se usa la sátira para criticar la religión o la Iglesia, la polémica está servida y siempre hay quien dice: "Atrévete con los musulmanes", o "qué valiente eres contra el cristianismo, a ver si tienes cojones contra el islam". Son comentarios con mucha bilis, y que no creo que sean representativos de la mayoría de cristianos, a veces incluso provienen de no creyentes por meras antipatías políticas. Pero ¿qué significan estos comentarios? ¿Qué buscan realmente los que necesitan que se agreda al islam para defender al catolicismo o al cristianismo. En este artículo reflexionaré, desde una perspectiva antiteísta, sobre las implicaciones morales de estos comentarios tan recurrentes cada vez que los católicos se sienten ofendidos.


Los que desean que las críticas a la religión católica se dirigiesen hacia la religión musulmana, en realidad lo que están diciendo implícitamente (a veces también explícitamente, como veremos) es que los que se ríen del cristianismo reciban un castigo ejemplar. Es decir, que los maten. ¿Por qué sino iban a querer que la gente se riese de Alá? ¿Buscan la risa generalizada contra todas las religiones por igual o tan solo envidian la violencia con la que algunos musulmanes responden a las críticas y las burlas?

El blasfemo parece ser un agresor que debe recibir un castigo que ellos mismos no se atreven a aplicar. Si tuvieran plomo y aplomo suficiente, así como la necesaria impunidad, lo harían con sus propias manos. Pero como no es así, prefieren encomendarse a un deseo de que sean otros los que se ensucien las manos matando al agresor. De esta manera, ellos quedan como moderados y dejan que los radicales (siempre de otra religión) les hagan el trabajo sucio. En realidad se avergüenzan del "pon la otra mejilla" y desean con secreto fervor el "ojalá alguien te pegue una paliza".

Las organizaciones LGTB organizan besadas homosexuales en plazas públicas, como acto de protesta contra la discriminación y para visibilizar su existencia. ¿Qué pensaríamos de alguien que les dijera: "Que se atrevan a hacerlo en Arabia Saudí o en Irán"? La catadura moral de estas pulsiones de muerte, está fuera de toda duda.

Las siguientes capturas muestran que esta envidia de la violencia se manifiesta en comentarios anónimos, pero también en columnistas, directores y editoriales de medios de comunicación que no sienten vergüenza de sus oscuros deseos. Es una búsqueda que cualquiera puede hacer, con muchos resultados parecidos, y que he limitado a unos casos nada más.


DRAG QUEEN SETHLAS

Eduardo Inda en la Sexta Noche, deseaba que Rita Maestre o la Drag Queen que montó el provocativo espectáculo en las Palmas vestida de Cristo y de la Virgen, "alguna vez se vistieran de Mahoma o de Alá, pero para eso, no hay narices".

CASO RITA MAESTRE

Rita Maestre se manifestó en contra de la presencia de una capilla dentro de un recinto universitario, irrumpiendo dentro la misma para sumarse a una protesta pública y pacífica.






 CASO LEO BASSI
Este es uno de los casos en los que los fanáticos católicos dejaron sus deseos terroristas para pasar a la acción: a Leo Bassi le pusieron una bomba cerca de su camerino cuando representaba su obra "La Revelación".







 CASO JAVIER KRAHE
Al reconocido cantautor le hicieron un corto en donde se escenificaba cómo cocinar un Cristo crucificado. Eso fue en 1977. Canal Plus lo emitió años después cuando entrevistaba a Krahe, iniciándose acciones judiciales contra ambos.




 CONTRA WYOMING

 VALÈNCIA EN COMÚ


¿TAN SOLO UNA EXAGERACIÓN?

A riesgo de ser algo ingenuos, concedamos por un momento el beneficio de la duda a estas envidias violentas. Quizás todo sea producto del fervor religioso: ya se sabe, alguien se calienta, se suelta un desafortunado exabrupto y todo queda en una mera exageración retórica sin mayores reflexiones. Quizás nadie desee la muerte de nadie, y no quieren decir lo que realmente han dicho. Quizás solo sea una airada respuesta de indignación por un injustificado y caprichoso acto de humillar al débil, un acto de cobardía por meterse con el indefenso, con el que no puede devolver el golpe. En el colegio, nos ponemos de lado del débil frente al abusón, y le soltamos: "métete con los de tu edad". Bajo esta versión indulgente y bienintencionada, el blasfemo (el artista, el escritor, el humorista, etc...) es el abusón, y la víctima es el creyente.

Analicemos este argumento exculpatorio, porque aún cuando no implique una explícita voluntad de matar, revela confusiones y medias verdades. Y una vez  desmontadas, la justificación y empatía con el presunto ofensor será mucho más clara.

COBARDÍA

La acusación de cobardía es quizás la más recurrente, pero tiene a mi modo de ver dos problemas. El primero es que nadie pretende competir en un concurso de valentía o heroísmo. El objetivo es criticar y reírse de la religión o del poder eclesiástico, pero no probar ningún grado de valentía. Algunos creen refutar la afrenta religiosa invitando al ofensor a que pruebe realmente su valor con otro objetivo más difícil... pero en realidad, no les importa la valentía de sus ofensores, tan solo desean que otros les cierren la boca.

El segundo problema es que para lanzar una acusación de cobardía, se debe tener, al menos, el mismo coraje que se echa en falta en los demás.

Aunque sería igualmente reprobable, solo habría un caso en que el lema "atrévete con los musulmanes" podría tener cierta coherencia. Sería el caso de quienes se han atrevido precisamente a criticar y mofarse del islam. Aquellos que de manera valiente, o temeraria, han puesto su vida en peligro, con caricaturas, libros, etc. Ellos serían los únicos moralmente legitimados para pedir que otros hicieran lo mismo que ellos, los únicos legitimados para ser jueces en un hipotético concurso de valientes... y aún así, la heroicidad siempre es encomiable pero no exigible. Desearle la muerte a alguien por abrir la boca es propio de fanáticos.
Justamente los que podrían haber ganado en ese concurso de valientes que nunca se convocó, serían seguramente los directores de los medios que publicaron las famosas viñetas de Mahoma. Pero ellos tienen una perspectiva muy diferente del católico envidioso, pues confiesan estar hartos de ser los valientes. En 2015, Laurent Sourisseau comentaba: "Es extraño: se espera que ejerzamos una libertad de expresión que nadie se atreve a ejercer". Y en su famosa portada de febrero de 2006, la revista El Jueves confesaba el miedo a sacar una caricatura de Mahoma ("Nos hemos cagao"). Tras un examen moral sobre las consecuencias que eso habría tenido, decidieron con bastante sentido común no hacerlo. Ese examen de las posibles consecuencias, no solo para sí mismos, sino para otros, es precisamente lo contrario del que anima a meterse con Alá. Cuando alguien confiesa no acometer una acción heroica por tener miedo de los riesgos mortales que conlleva, para sí y para los demás, lo normal no es acusarle de cobarde y animarle al suicidio y a que pueda morir mucha gente, sino hacer una prudente pausa valorativa y pensar si nosotros habríamos sido más valientes que él, y si aceptamos las posibles consecuencias que se derivan de esas "valentías"

Así que, aunque los envidiosos del terrorismo islamista no quisieran en realidad matar a nadie, y se arrepintieran de cualquier muerte que se derivasen de sus deseos si estos se hicieran realidad,... aún en ese caso, vemos con claridad que los irresponsables y los cobardes son precisamente ellos, los que animan a otros a mofarse del islam.


LOS CRISTIANOS NO DEVUELVEN EL GOLPE

Con esta frase se pretende denunciar la cobardía de meterse con alguien que no te responderá, porque su moral le impide ser violento, mientras que los musulmanes sí responden con violencia. Según esto, no es que el cristiano sea débil, al contrario, es que es de una fortaleza moral superior (o al menos una condición civilizada más avanzada), que exige no responder violentamente. Esa diferente capacidad/voluntad de respuesta es lo que, en principio, genera la empatía con el cristiano agredido. Pero al final resulta que toda esa empatía era una farsa, porque esa admiración por la bondad, termina en una admiración por la maldad, por el castigo de tipo islamista.

Pero la afirmación de que solamente los cristianos no devuelven el golpe no es del todo cierta. Es posible que la mayoría de los cristianos no devuelvan el golpe, pero entonces tenemos que asumir que tampoco lo hacen la mayoría de los musulmanes. Los que reaccionan suelen ser siempre una minoría. En el caso de los cristianos, asociaciones del tipo hazteoir y bufetes de abogados cristianos. Sucede algo parecido en el mundo musulmán: la mayoría de los musulmanes tampoco comenten actos terroristas, son las organizaciones terroristas o las teocracias las que reaccionan cuando se sienten ofendidas.

Pero no se pueden poner en la misma balanza ambos castigos, no es lo mismo ejercer el derecho que saltárselo, no es lo mismo asesinar que encarcelar. Para poder comparar a unos con otros, que al fin y al cabo es lo que hacen los partidarios del "atrévete con Mahoma", hay que tener en cuenta la inmoralidad del castigo, su legalidad, su proporcionalidad, así como las intenciones de aplicarlo, independientemente de que se ejecute o no. Recordemos, por ejemplo,  que el intento de asesinato está penado bajo esas mismas premisas.

Si por "golpe" entendemos un golpe proporcional lo cierto es que los cristianos sí lo devuelven: ante un supuesto delito, denuncian por lo penal amparándose en un delito creado específicamente para proteger sus ideas por encimas de las demás, aunque como el tipo penal está en desuso, los jueces nunca lo aplican y los religiosos siempre pierden los pleitos. Es el procedimiento habitual en los Estados de Derecho. Pero esta no es el tipo de respuesta que analizamos ahora, sino el caso en que lejos de demandar la aplicación de la ley, se apela a un castigo desproporcional: ante un ofensa de palabra se apela a un castigo mortal, una ejecución absolutamente ilegal.

Si por "golpe" entendemos la respuesta desproporcionada de cortarle el cuello al blasfemo, obviamente los cristianos que conocemos no devuelven ese golpe. Sin embargo, en el mundo musulmán sí existen esos castigos, (aunque no por igual en todos los países). Pero en el caso que analizamos aquí, el de los católicos envidiosos de la ley islámica, lo que sucede es que no devuelven el golpe simplemente porque no pueden o no se atreven, no porque no lo deseen o piensen que es inmerecido.

Afortunadamente la mayoría de los cristianos se niegan a ser tan salvajes como esos seguidores de Alá. Pero los que piensan que se debería "devolver el golpe" poniendo bombas, alardean de una moral muy distorsionada. Si negarse a poner la otra mejilla implicase volverse un terrorista, ¿qué clase de mensaje moral estamos dando? ¿Qué clase de envidia totalitaria es esa?

¿ES LA IGLESIA INOCENTE?

A lo largo de su historia la Iglesia Católica ha sido más agresora que víctima. Las burlas y mofas de todo tipo, así como las críticas más serias y académicas, que la Iglesia está obligada a soportar, nacen de una historia de crímenes y castigos, guerras y discriminaciones, que la religión ha protagonizado a lo largo de la historia. En España, la connivencia con el poder franquista no queda muy lejos, y la oposición al matrimonio gay, al aborto, al preservativo o la fuerte estructura patriarcal en su seno tienen bastante vigencia. Con esa obsesión por el control sexual, ¿cómo espera la Iglesia que no nos riamos de un nacimiento virginal? Con ese pasado de mentiras y miedos absurdos, y ese presente de retrógrados, ¿cómo pretende la Iglesia pintarse como una víctima inocente que no está dispuesta ni a admitir una burla?

La Iglesia honraba a Franco bajo palio.
Las críticas no salen de la nada, son parte de un historial con profundas raíces en nuestra cultura y nuestra política. Con una herencia ideológica conservadora y cómplice con el franquismo, con el que estuvo "bajo palio", y que se sigue manifestándose en declaraciones casposas... ¿A quién le sorprende realmente que una drag queen, con ánimo transgresor, se vista de virgen y baile lascivamente en un país donde la jerarquía católica suelta tanta barbaridades sobre la homosexualidad

La sátira con la que se enfrenta la Iglesia es en buena parte producto de toda esa dialéctica agresora. Es normal que, acostumbrada tantos siglos a ser intocable, todavía pretenda hoy quedar exenta de la crítica. Mientras la mayoría de los creyentes se vuelven más flexibles y liberales, y comparten cierto sentido del humor con respecto a sus tradiciones religiosas, la Iglesia y sus puristas se rompen en pequeños trocitos cada vez que uno se ríe de sus dogmas.


DEBILIDAD

Se confunde al débil con el fuerte. La religión, como poder fáctico, es el personaje fuerte y mayoritario en la sociedad. Tiene representaciones constantes en el ejército, en los juzgados, en los colegios, en los nacimientos, en las muertes y en los juramentos de nuestros políticos. Goza de su propia sobreprotección jurídica en el art. 525 del Código Penal (delito contra los sentimientos religiosos, es decir, la blasfemia). Es la religión católica, no los medios de comunicación, la que recibe todo tipo de privilegios fiscales y se rige por acuerdos con valor de tratado internacional. Son los católicos los que tienen su propio estado en el Vaticano y constituyen una mayoría de casi el 70% de la población española. A todas luces, el dibujante, el titiritero, el comediante o el escritor es el débil.
Cristianos vulnerables en Siria

Obviamente si pensamos en creyentes individuales, hay muchos que pueden ser débiles. Pero los ateos también pueden serlo. Todo depende de las circunstancias y la personalidad. Musulmanes, cristianos o ateos pueden estar en una posición de debilidad o fortaleza, dependiendo del país o de la población en la que convivan. Creer que todos los creyentes tienen una posición de debilidad ante cualquier burla religiosa, y tratarlos entre algodones, es no solamente una sobreprotección inmerecida, sino también una humillación que los considera inmaduros.

Pero estoy de acuerdo en el principio del que parte la indignación, quien ataca al débil es un cobarde. Cebarse con el moribundo, con el que está hundido, con el que está discriminado requiere una falta de empatía total. Por muy activistas ateos que seamos, sería moralmente reprobable ir a un funeral cristiano a criticar o reírse de las creencias de los familiares del difunto. Eso sería inhumano y canallesco. Hay un lugar y un momento para todo.
Cristianos (católicos) con poder en Italia

Las supuestas ofensas de las que hablamos no van dirigidas a creyentes individuales, anónimos e indefensos. En todo caso a personas con poder y responsabilidad por sus actos (como el Papa o los obispos por sus declaraciones polémicas, o los curas pedófilos por sus delitos). En ningún caso se busca una víctima indefensa, ni siquiera una minoría discriminada. A la viceversa sí se suele dar. Como cuando se le dice a pacientes con cáncer (por ser activistas ateos o gays) que sus enfermedades son un castigo divino. O cuando los obispos se manifestaron contra el matrimonio homosexual, que demandaban quitarle un derecho a una minoría discriminada que, por fin, había conseguido equipararse en un derecho. 

En cualquier caso, estos ataques personales que humillan al débil (creyente o no) no son de los que hablamos aquí. En el caso de estas provocaciones tan mediáticas, el objetivo es una idea religiosa, un dogma, un poder, una discriminación, una censura, una negación de la sexualidad, una irracionalidad, un tabú, una sobreprotección, etc... La debilidad de las personas merece empatía, pero la debilidad de una idea, que puede mejorarse o refutarse racionalmente por otras ideas mejores, no merece ninguna consideración especial.

LUCHA DE IDEAS Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Las ideas no tienen derecho a reclamarse débiles y exigir que no las critiquemos. Las personas tienen derechos, las ideas no. Son dos esferas separadas, y criticar una idea no puede servir de excusa para menospreciar la valía de las personas. Criticar el islam no es defender ningún tipo de discriminación contra ciudadanos musulmanes. Cuando un xenófobo critica el islam, su credibilidad es nula, porque tiene intereses espurios. En realidad, esconde su xenofobia y prejuicios personales detrás de una crítica intelectual. Lo mismo sucede con el cristianismo. Seguramente habrá quien esconda su odio detrás de una crítica religiosa, y solo quiera quemar iglesias. Ya sucedió el siglo pasado en nuestro país, aunque aquello tuvo más que ver con la política que con el odio antirreligioso.

Ninguna burla antirreligiosa de las aquí mencionadas pretende discriminar al creyente. En todo caso, golpear una estructura de poder, y unos dogmas que gozan de una protección jurídica que no se merecen. Sería un disparate pretender discriminar a creyentes en un país mayoritariamente católico, donde el mestizaje con las creencias cristianas está culturalmente imbricado con el resto de la sociedad. Ningún anticlerical pretende que se creen leyes contra sus amigos, familiares o compañeros de trabajo (que por mera estadística serán en su mayoría creyentes). Y si alguien lo pretende, afortunadamente no lo conseguirá. En cambio el machismo y la homofobia, y en algunos casos, el rechazo al progreso científico de la que la Iglesia hace gala, sí tienen capacidad de influencia en el poder político.

La separación de estas dos esferas también funciona en sentido inverso: nadie debería ampararse en una ofensa personal para evitar que critiquen sus ideas. Nadie debería escudarse en que sus ideas son tan íntimas que criticarlas pueda ser equivalente a denigrar a su persona. La manera más productiva de derrotar a la intolerancia es vencerla en una lucha de ideas, y para ello se necesita más libertad de expresión, no menos. Salvo que apostemos por la hipocresía del doble rasero, la libertad de expresión solo tiene sentido si se permiten las opiniones con las que no estamos de acuerdo. Únicamente las opiniones molestas son las que ponen a prueba la libertad de expresión. 

Actualmente nos podemos reír de todas las creencias, algunas de ellas que mucha gente se toma muy en serio: el marxismo, el liberalismo, el socialismo, el capitalismo, el chavismo, el nacionalismo, el trumpismo, la ecología, las pseudociencias, las ciencias... se sacan chistes todos los días, y todo demócrata asume que la crítica y la mofa de sus ideas en un bajo precio a pagar en una sociedad libre. 

Algunos quieren dejar fuera de esa lucha a la religión, arguyendo que la Iglesia es neutral y sus ideas no son ideológicas. Pero la historia demuestra que eso es falso. Y el presente también. En los colegios de hoy en día se ríen de los niños afeminados, no de los creyentes. Las palizas se las pegan a los transexuales, no a los curas. A las que se les prohíbe el sacerdocio es a las mujeres, no a los hombres. A las que se quiere encarcelar son a las mujeres que abortan, no a los curas pedófilos a los que se les ha encubierto hasta donde fue posible. No fue la teología de la liberación la que fue premiada en el Vaticano, sino el Opus Dei. Cuando la Iglesia ha tenido oportunidad de mostrar su apoyo y tomar partido, lo ha hecho por su faceta más conservadora y rancia. La doctrina oficial católica, y todos los que salen airadamente en su defensa cuando se sienten ofendidos, tienen mucho de lo que responder. Algunas ideas son semillas de odio. Si te encoges de hombros cuando germinan y clamas una falsa neutralidad que todo el mundo ha descubierto hace tiempo, la risa y la indignación están aseguradas.

¿De verdad no se entiende que lo que hay de fondo es una lucha ideológica? Aquí hay una lucha de ideas, unas retrógradas y otras progresistas, unas religiosas y otras laicas, y todas pueden ser criticadas y mejoradas, de todas nos podemos reír. Si una vez logramos salir del oscurantismo religioso y el medievo supersticioso fue porque defendimos las ideas ilustradas y la separación Iglesia-Estado frente a sus predecesoras. Ahora ya no necesitamos una lucha física para que algunas ideas triunfen, podemos hacerlo civilizadamente haciendo uso de la razón y la palabra. Y dependiendo de qué ideas triunfen, así serán la sociedad en la que crezcan nuestros hijos.  El progreso no se ha construido con el esfuerzo del pasota que lo da todo por dado, sino por el esfuerzo del comprometido por mejorar la sociedad.


Y actualmente vivimos en una sociedad en donde los prejuicios son alimentados con determinadas ideas que merecen ser denunciadas y rebatidas. Esas ideas no siempre llegan a materializarse en una conducta violenta, pero otras veces sí. Cuando se desea que el islam actúe para defender el cristianismo se está aprobando la violencia, aunque no se apriete el gatillo.

La Iglesia y sus mensajes más retrógrados (no todos lo son) deben poder contrarrestarse sin que nadie se sienta personalmente ofendido. Quien se atreva a defender que la homosexualidad es "inmoral", "intrínsecamente desordenada" y que constituye una "abominación", se expone a que denuncien sus creencias como peligrosamente homófobas. Debemos levantar la voz y poner en tela de juicio ideas irracionales, obediencias ciegas, tabúes, mandatos y prohibiciones que consideramos absurdas e inmorales, y que son dañinas para la sociedad.

¿CON HUMOR O SIN HUMOR?

El humor y la sátira es una manera de desmitificación, pero ¿es la mejor? Debemos preguntarnos muy seriamente si así conseguimos destruir el mito, o hacemos que sus seguidores se hagan más fanáticos. Ese cálculo estratégico debe perseguir un mayor éxito, no molestar cada vez más sin ningún afianzamiento de las ideas racionales. No tiene sentido luchar para terminar ayudando a que el enemigo irracional se cierre cada vez más a ideas más modernas. Pero si la burla consigue una gran difusión y relativizar un dogma a quien todavía no lo tiene asentado, entonces bienvenida sea. La casuística impide ser categórico, todo depende de las circunstancias. La reacción violenta que previsiblemente se pueda generar es un factor a tener en cuenta, pero la indignación hipócrita ciertamente no lo es.

Y en una cosa tiene razón el católico envidioso... tenemos que empezar a luchar también contra las malas ideas que hay dentro del islam. Pero no porque deseemos que alguien corte el cuello a alguien, sino porque lo tenemos más difícil que con el cristianismo y cada vez nos jugamos más. Tenemos que liberarnos de esa corrección política que impone la censura a criticar el islam como a cualquier otra religión. Mientras los musulmanes sean principalmente una minoría de inmigrantes y ciudadanos de segunda clase, el miedo a que nos llamen racistas o xenófobos se debe combatir con grandes dosis de solidaridad con los más vulnerables. Esa parte débil de la sociedad puede entender la crítica religiosa como un rechazo al extranjero. "El manual de cómo seguir siendo ateo y no parecer (ni ser) xenófobo" se redactó con una fuerte empatía hacia las minorías marginadas, pero negando con la misma vehemencia que la religión islámica sea un ejemplo moral exento de graves errores y responsabilidades. Ni por pena, ni por solidaridad, ni por temor a ofender podemos dar un paso atrás, las religiones tienen que enfrentarse a sus errores y a la libertad que nos hemos ganado a criticarlas sin que se escuden en particularidades personales.



 MODERADOS Y RADICALES

 
Simplificando mucho la cuestión, los radicales son los que hacen uso de la violencia, mientras que los moderados no. Entonces la típica objeción al antiteísta es ¿y por qué no dejar en paz a los moderados? La respuesta más concisa es que el ateísmo es algo más que oponerse a los radicales. ¿Qué mérito intelectual tendría oponerse a la existencia de dios solo si se mata en nombre de él? Los moderados siguen teniendo esa potencialidad que sus creencias han demostrado tener, y es lógico si se basan en los mismos textos. Son los moderados los que tampoco aceptan las mismas burlas que aceptamos los demás, aunque no reaccionen violentamente. De hecho, son los moderados islámicos los que han advertido que la comunidad musulmana no aguantaría determinadas bromas, como un aviso a navegantes, igualándose así a los católicos envidiosos de la violencia islamista. 

Si por "dejarlos en paz" queremos decir no perseguirlos, ni quitarles derechos, ni bombardearlos, efectivamente hay que dejarlos en paz. Pero si "dejarlos en paz" significa dejar de expresar nuestras ideas, y confrontarlas con las suyas cada vez que suelten su credo en los medios de comunicación, entonces no hay que dejarlos en paz. Si ellos pueden evangelizar y querer legítimamente cada vez más adeptos, los ateos supongo que podremos hacer lo mismo para nuestra causa.

Por muchas bondades, consuelos e inspiraciones que la religión pueda generar, también tiene otra faceta conservadora y potencialmente tiránica. Moderados y radicales se niegan a reformar sus textos porque los consideran sagrados, unos se agarran a los pasajes más humanitarios y otros se centran en los más intolerantes. Ambas verdades coexisten en los mismos textos, pero si no fuesen "palabra de dios" se podrían reformar. 

Algunos dicen que la reforma es innecesaria, que todo se debe a malinterpretaciones... ¿qué mejor forma de evitar una malinterpretación sino hacer el texto más claro, más unívoco? Ningún libro de texto escolar que tuviese un mandato de odio o ensalzase matanzas obtendría la aprobación de las autoridades educativas; por mucho que en otras páginas del mismo libro se dijeran cosas loables sobre la tolerancia y hubiese ejemplos de humanitarismo. Extirpando los errores se mejoran las ideas. Es la cualidad sacrosanta la que impide esa mejora de la religión.

Por eso la idea que, en última instancia, deberíamos derribar es esa infalibilidad. Pero es una idea tan abrumadoramente mayoritaria en todo el mundo, que la única forma de avanzar es apoyando a los moderados y aislando a los radicales. No solo como estrategia, sino porque dentro de los moderados hay personas con un fuerte compromiso de abnegación y ayuda a los demás que merecen ser honrados, independientemente de sus motivaciones. A estos héroes silenciosos normalmente les resbalan las burlas antirreligiosas, porque su lucha está en la calle, en acciones más inminentes y asuntos menos teológicos. Sin embargo hay otros que siendo moderados también, puesto que no usan el terrorismo, sí que envidian a quien lo usa. 

En resumen, que la moderación religiosa, es decir, no usar la violencia, es un objetivo muy poco ambicioso que debemos superar. La moderación en general puede ser una virtud, pero creer en inmoralidades e irracionalidades de manera moderada, no deja de ser algo inmoral e irracional, además de potencialmente peligroso.  Apoyar la moderación de una idea que no compartes es el medio para un fin mayor. Una vez que se haya derrotado a los radicales, la religión estará madura para enfrentarse a la razón... y el incremento de descreencia que hay en las sociedades modernas nos indica que no habrá que esforzarse demasiado para que las ideas religiosas sean abandonas voluntariamente.
Ampliación en https://000024.org/religions_tree/religions_tree_4.orig.html

El árbol de la religión tiene ramas sanas y venenosas, y tanto el cristianismo como el islam tiene frutos en ambas ramas, pero lo cierto es que hoy en día mueren muchas más personas envenenadas por frutos islámicos que cristianos. Si no podemos modificar genéticamente la savia, para eliminar de raíz su venenosa potencialidad y hacer que todos los frutos sean sanos, al menos deberíamos apoyar que los más sanos maduren antes, y el resto se sequen. 

Los ateos deberíamos empatizar, apoyar y felicitar a los musulmanes que se enfrentan a sus radicales, porque están librando una batalla que ni nosotros nos atrevemos a librar, y que además, nunca podríamos ganar siendo infieles. Del resultado de esa batalla dependerá que podamos hablar con alguien que escucha, o al menos, no dispara. Tenemos que ayudar a que incluso el islam moderado alcance la madurez del cristianismo, y que asuma mayoritariamente que tiene que convivir con las críticas a su religión. Una vez hayamos acabado con los frutos venenosos de todas las religiones, solo tendremos que esperar a que el resto caiga por su propio peso.

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