18.2.17

DOCUMENTAL: "El niño que fue transformado en niña" (2000)

Para celebrar que mi canal de Youtube spanishexplorer74 ha conseguido 1000 suscriptores, he rescatado de mis archivos un documental incunable, al menos en castellano. 

El programa Horizon, perteneciente a la BBC, abordó tres veces el caso de este niño al que se crió y se operó para que fuese una niña. La primera vez fue en 1976 ("Adam and Eve"), la segunda en 2000 ("El niño que fue transformado en niña), y la tercera en 2004 ("El Dr. Money y el niño sin pene"). 

Brenda Reimer

El caso sorprende, indigna y entristece a partes iguales. Se trata de la historia de un niño pequeño que perdió el pene en una operación. Según algunas teorías, en boga allá por los años 60 y 70 del siglo XX, los niños menores de dos años que eran hermafroditas (intersexuales, nacidos tantos con genitales masculinos como femeninos), podían ser operados para borrar los rasgos de un sexo y dejar que el otro fuese el preponderante. De esta manera se les daría cabida en la dualidad hombre-mujer, así como una oportunidad de ser más felices.

John Money
El Doctor John Money creía tan firmemente en esas reasignaciones de sexo, que no dudó en aplicarla a un niño que no era hermafrodita, sino que simplemente había perdido el pene. El destino le había puesto en bandeja de plata la ocasión para llevar a la práctica sus teorías en un "niño normal", y así acercarse más y más a ese ideal de que somos como nos crían, y no como nacemos.

Pero el Dr. Money no era un loco que había ingeniado esas ocurrencias de la noche a la mañana. Todo venía de muy atrás, y es necesario hacer una recapitulación para entender bien el contexto científico y filosófico que rodea al caso.

ANTECEDENTES FILOSÓFICOS: LAS FRONTERAS QUE NOS IMPEDÍAN CAMBIAR

Desde el principio de los tiempos, los poderosos han apelado a justificaciones divinas para ostentar sus cargos, y de este modo, el que osara cuestionar su posición de poder debería también asumir que estaba cuestionando el orden divino.

"Los duques de Osuna y sus hijos" de Goya.
Cuando el orden divino se hizo algo anacrónico, tomó su relevo el orden natural. Esto es, los reyes ya no reinaban porque lo ordenase ningún dios, sino por linaje. Durante mucho tiempo, llevar la sangre de otro gobernante determinaba que tu futuro estaría encomendado a labores de gobernanza. Tuvieron que pasar algunos siglos y alguna que otra revolución para que estas fronteras se pudieran cruzar sin peligro, pero en realidad tan solo se les cambió el nombre. La frontera pasó a términos como la raza, la etnia, el sexo o incluso la clase social. Las razones ya no venían de arriba, sino que residían en el individuo o en su grupo, pero pretendían igualmente mantener un orden determinado.

Cuando la ciencia entró en acción, resultó que la sangre servía para transportar los glóbulos rojos y contenía mucha información, pero ninguna justificaba el poder de unos sobre otros. La ciencia vino a derribar todas esa barreras fabricadas al margen del conocimiento, y con intenciones espurias. Ahora resultaba que la naturaleza no servía a la desigualdad, sino a la igualdad. Todos eramos iguales, los que nos hacían desiguales eran los reyes y los imperios. Nuestras diferencias eran constructos político-sociales.

Pero algunos, azuzados por ese espíritu de liberación que les trajo la ciencia, se tomaron tan literalmente lo de la igualdad, que cualquier desigualdad menor les molestaba profundamente. La igualdad se había convertido en una diosa y la correción política acababa de nacer. De este modo, las únicas diferencias que se aceptaban eran las que provenían de la cultura. Todos y todas podíamos aspirar a ser lo que quisiéramos, todo dependía de la voluntad y de los medios que se nos ofreciesen. Sugerir que podían existir ciertas limitaciones innatas era una herejía. El mero hecho de estudiar diferencias entre los seres humanos se llegó a ver como una sospechosa actitud que, a la postre, podría ser usada contra la igualdad.

La misma ciencia que nos abrió los horizontes, ahora parecía arrepentirse y establecer algunas incómodas fronteras. Independientemente de que la ciencia pueda emplearse para bien o para mal, como toda creación humana, lo cierto es que citando a Peter Singer: "La igualdad es una idea moral, no la afirmación de un hecho." Esto es, que depende de nosotros lo que hagamos con los resultados de la ciencia, pero no debemos condicionar ni censurar un trabajo científico que arroje diferencias entre hombres y mujeres solo por el temor a que se pueda usar para discriminar.

EL VIEJO DEBATE: INNATO O ADQUIRIDO

Esta polarización llegó al mundo de la ciencia donde cuajó en los viejos debates entre genética o cultura, adquirido o heredado. 
¿Nacemos diferentes y/o nos hacen diferentes?

Ahora las incógnitas científicas abarcaban desde la conducta sexual, hasta las capacidades intelectuales, e incluso nuestros caracteres, prejuicios o miedos. ¿Por qué fulanito es más inteligente? Y ya que nos ponemos, ¿qué es realmente la inteligencia? ¿Nació así o se hizo así? ¿Es homosexual por naturaleza o por elección? ¿Tuviste algún  trauma con alguna araña que justifique tu aracnofobia o es un rasgo evolutivo que nos permitió sobrevivir a esos insectos? ¿Es el amor un artificio cultural o un instinto natural? ¿Ha creado la sociedad unos mitos amorosos que puedan condicionar nuestras relaciones amorosas o somos libres de elegirlas? ¿Es la guerra evitable o está la violencia escrita en nuestros genes? ¿Si tus genes han sido egoístas para sobrevivir, deberías serlo tú también como persona? ¿Existen algunos individuos dotados para mandar mientras que otros lo están para obedecer? La lista de cuestiones que se pueden plantear bajo este prisma es inabarcable.

La cuestión nunca fue pacífica, ni siquiera entre la comunidad científica, cuyos miembros caían en los mismos sesgos políticos y culturales que el resto del mundo. La sociobiología, y su impulsor E. O. Wilson, fueron acusados de ser unos desalmados darwinistas sociales, y se crearon facciones de izquierdas y de derechas que negaban respectivamente los factores innatos o culturales. La polémica todavía da algunos coletazos de vez en cuando, como en el asunto de las razas.

El origen de las diferencias humanas
Hoy en día, los científicos están de acuerdo en que la dicotomía entre naturaleza o cultura es algo forzada, y solo difieren en los grados de influencia de un lado u otro del espectro. Algunas cuestiones se han resuelto a golpe de descubrimientos genéticos o experimentos. Pero en otras, donde la respuesta todavía es confusa, todo indica que la respuesta contiene una de cal y otra de arena, y la diatriba en todo caso se limita a calcular cuántas de una y de otra incluye la fórmula final.

En la década pasada Steven Pinker publicó un ensayo titulado, "La tabla rasa: la negación moderna de la naturaleza humana", cuyo elocuente título lo dice todo:

"Mi objetivo en este libro no es defender que los genes lo son todo y la cultura no es nada -nadie cree tal cosa-, sino analizar por qué la postura extrema -la de que la cultura lo es todo- se entiende tan a menudo como moderada, y la postura moderada -a saber: que en la mayoría de los casos la explicación correcta surgirá de una interacción compleja entre herencia y ambiente- se ve como extrema".

LA TEORÍA DE GÉNERO TIENE MUY POCO (O NADA) QUE VER CON ESTE CASO.

El documental "El niño que fue transformado en niña" muestra no solo lo errónea que fue la ciega apuesta por la tabla rasa, sino también lo trágico que resultó para el niño que sirvió de cobaya humana (recordemos que Bruce no era intersexual, tan solo perdió el pene en una operación, y todavía hay quien defiende la eficacia de la reasignación quirúrgica del sexo).

Los roles de género, ¿innatos o culturales?
La teoría de que la identidad sexual viene determinada por la socialización no salió bien parada con este fraude científico. Sin embargo, nada tiene eso que ver con la teoría de género de la que se sirve el feminismo y los estudios LGTB. La teoría de género aborda análisis de roles que hombres y mujeres han venido desempeñando en la sociedad, a la luz de otras muchas disciplinas. No debe confundirse la teoría pseudocientífica del Dr. Money (que engañó tanto a pacientes como a colegas, retorciendo sus propias teorías y escondiendo sus resultados), con un análisis sociológico colectivo que deconstruye el andamio ideológico sobre el que se asientan tantas formas de discriminación y prejuicios contra mujeres y homosexuales. 

Y en sentido inverso, que exista efectivamente una construcción social, artística, religiosa, etc... de lo que debe ser, y cómo se debe comportar una mujer, no implica que la naturaleza no tenga nada que decir en cuanto cómo son y cómo se comportan las mujeres. 

A menudo, el caso de David Reimer se presenta como una prueba en contra de la teoría de género, ya sea por inexacta o por malévola. Se pueden encontrar en Internet múltiples comentarios en ese sentido, los cuales están sesgados claramente por un conservadurismo que solo pretende rendir cuentas con algunos enemigos ideológicos, como el feminismo y otras aproximaciones sociológicas que cuestionan consensos culturales. Desde esta óptica conservadora se prefiere la terminología "ideología feminista" o "ideología de género", para sugerir que son opciones políticamente sesgadas. Algo que, por otra parte, resulta tan obvio como que la igualdad ante la ley es un concepto construido por el ser humano, pero no por eso lo llamamos "ideología de la igualdad".

Pero, salvo que queramos caricaturizar la teoría feminista o la teoría de género, ninguna de ellas llegó nunca a afirmar que cualquier niño puede ser transformado en niña. Eso fue un invento de una versión extrema del conductismo que John Money llevó a la práctica, con la firme y anti-científica determinación de probar sus teorías y sesgos políticos por encima de las pruebas.
David Reimer, como finalmente quiso vivir, tras pasar de Bruca a Brenda, y de Brenda a David.

Asumir que el caso de Bruce-Brenda-David Reimer demuestra que el feminismo o la teoría de género son erróneas, es equivalente a asumir que el caso del hombre de Piltdown demuestra que la teoría de la evolución no puede funcionar, o que las teorías racistas deben ser ciertas porque se sustentan en diferencias existentes entre las razas.

La teoría de género, también cuenta entre sus filas con teóricos/as cuyas hipótesis pueden ser tan creativas como delirantes (como probablemente toda disciplina académica, especialmente en las humanidades). Ello no resta valor al grueso del movimiento, ni a los análisis que trascienden lo meramente académico para asentarse sólidamente en la política. Todo ello es opinable y dependerá del caso, pero es muy posible que algunos excesos del feminismo hayan propiciado un rechazo tan visceral de sus virtudes por algunos sectores retrógrados. Pero negar que la cultura tiene algo que decir, o incluso imponer, en los roles que desempeñamos socialmente como hombres o mujeres, es tan necio como negar lo contrario (que la biología tenga algo que decir, o incluso imponer, al respecto). 

Esta trágica historia termina con el suicidio de ambos hermanos gemelos. Quizás la frase que a modo de epílogo resume mejor la cuestión es: "Ni tan libres, ni tan racionales", a la sazón subtítulo del libro "El amor desde la psicología social", de Carlos Yela, una magnífica obra que analizaba los mitos románticos desde la psicología social. Aunque más concretamente sobre el caso que nos ocupa, fue Matt Ridley, conocido de mi otro blog, el que hizo visible para el gran público esta historia. Ridley publicó en su libro "Genoma" (2000) algunos datos del fraude de John Money, y concluía muy acertadamente:


“La gente común siempre ha sabido que la educación es importante, pero siempre ha creído igualmente en cierta capacidad innata. Son los expertos los que han adoptado posturas extremas”

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